Carlos Montemayor – México

por pessoaficionado


Carlos Montemayor
Las lenguas de América

La historia lingüística de nuestro país testimonia, como en otros campos de nuestra realidad cultural y social, la batalla continua por la existencia y vigencia de la diver-sidad, así como las contradicciones y complementacio-nes entre lo original y las nuevas incorporaciones en que se ha desenvuelto la realidad lingüística. Ha sido una lu-cha encarnizada y desigual entre las lenguas en uso encada periodo de nuestra historia, adoptando en cada uno de ellos combinaciones complejas y singulares.Sin duda alguna, el impacto que la invasión y la con-quista europea impusieron sobre el panorama lingüísti-co original en nuestro país fue definitivo: muchas lenguas originales desaparecieron y el castellano inició su trayec-to de imposición como lengua franca y obligatoria.No obstante, la complejidad lingüística original en México mantuvo su vigencia y continuidad con base en dos procesos, como señalé, complementarios y con-tradictorios. El primero fue la resistencia de los pueblos por conservar su lengua a toda costa y en muy diversas situaciones, como núcleo de la sobre vivencia y de la identidad profunda; el segundo consiste en la estrate-gia utilizada por los evangelizadores durante el siglo
XVI ,al decidirse por utilizar las lenguas originales como los instrumentos privilegiados de la conversión cultural, lo que derivó en una extraordinaria producción de vocabularios, gramáticas y textos varios que codificaron en caracteres latinos más de dos decenas de lenguas, aun en los estrechos límites definidos por sus motivaciones de orden estrictamente religioso y doctrinario.Sin embargo, a partir de la reforma bubónica, la im-posición del español tomó nuevos bríos y las lenguas originales tuvieron que sostenerse y continuar en per-manente resistencia, protegidas sólo por la voluntadirrestricta de los pueblos y en muchas ocasiones man-tenidas ocultas y en secreto.
En el primer cuarto del siglo XX se empieza a mani-festar en México una voluntad de rescate de las lenguas,las historias y los pensamientos indígenas conservados en los códices que se salvaron de la incuria colonial o que fueron encargados por los misioneros en las primeras décadas de la invasión. Se destacan sin duda las grandes colecciones publicadas por Ángel María Garibay y, por supuesto, Miguel León-Portilla, cuyo compromiso conlas lenguas indígenas, particularmente con la lengua náhuatl, establece y honra el compromiso de nuestra Universidad Nacional con la vigencia y el desarrollo delas lenguas indígenas.No puede obviarse el minucioso estudio de un nú-mero considerable de lenguas indígenas que hizo el Ins-tituto Lingüístico de Verano en México, constreñido sin embargo por su objetivo de evangelización, esta vez pro-testante; tampoco puede olvidarse que, durante las pri-meras décadas del siglo XX , el proyecto de la castellani-zación obligatoria se propuso desaparecer a las lenguas indígenas por considerarlas una barrera para la unifica-ción nacional. Otra vez las lenguas indígenas de México tuvieron que someterse a un nuevo momento de opre-sión por parte de las instituciones y aguantar, resistien-do en la intimidad de los pueblos, el intento “bieninten-cionado” de etnocidio lingüístico.El fracaso de esta oleada castellanizadora abrió una nueva etapa, en la que las estrategias educativas consi-deraron benéfico y necesario iniciar el proceso educati-vo de los pueblos en las lenguas indígenas, para poste-riormente introducir el castellano en su papel de lengua nacional, lo cual significó entrar en una etapa en que las lenguas indígenas recibieron menores presiones sustitu-tivas por parte de la sociedad nacional.En esta nueva etapa, que da inicio en la década delos años sesenta, resurge el interés en el análisis de las culturas indígenas, proveniente de los indios mismos.En palabras de Carlos Montemayor, “este despertarde los intelectuales indígenas y de la escritura en sus lenguas es uno de los hechos culturales de mayor re-levancia en el México de finales del siglo XX y princi-pios del XXI ”.De su vigor dan testimonio centenares de publica-ciones en folletos, libros, antologías, revistas y diarios aparecidos desde los años ochenta, así como la celebra-ción de varios encuentros nacionales de escritores en len-guas indígenas en Ciudad Victoria, San Cristóbal delas Casas, Ixmiquilpan; el surgimiento de la Asociaciónde Escritores en Lenguas Indígenas, las decenas de be-carios del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes,el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas In-dígenas, y el Premio Continental Canto de América en Lenguas Indígenas.La aparición simultánea, aunque no coordinada en sus inicios, de escritores en lenguas indígenas de todas las regiones de México, rompe con esa terca tradición que a lo largo de quinientos años han seguido diversos investigadores nacionales o extranjeros al decir lo que son, lo que piensan, cómo se comportan o en qué creen los grupos indígenas.Hoy tenemos a estos escritores con los que, por vez primera, se ha producido la posibilidad de acercarnos a través de los protagonistas al rostro natural e íntimo, al profundo rostro de un México que, debemos recono-cer seriamente, aún desconocemos.Hay que rescatar en toda su plenitud y profundidad el papel que jugó Carlos Montemayor en estos promi-sorios procesos. Durante los últimos treinta años, Car-los trabajó y acompañó a los escritores indígenas, en su formación y fortaleza, en innumerables talleres, por to-dos los rincones de México, traduciendo sus textos, ayu-dando a traducir otros, discutiendo y esclareciendo los problemas lingüísticos y expresivos de las lenguas, los rit-mos, tonos y sentidos, al tiempo que iba publicando obras fundamentales sobre las literaturas indígenas tanto en México como en el extranjero, dando a conocer a los es-critores indígenas mexicanos o asumiendo la edición de colecciones como los cincuenta tomos de Las Letras Mayas, o elaborando el Diccionario del náhuatl en el español de México , encargado por nuestra Universidad.En fin, una obra enorme y profunda como la suya en varios campos de nuestra realidad, plena de inteligen-cia, rigor, compromiso intelectual y solidaridad, ejem-plar en nuestro país y en nuestro siglo.No requiere más explicación el porqué la Universi-dad Nacional Autónoma de México ha decidido instau-rar formalmente, este año 2010, el Festival de Poesía Las lenguas de América: Carlos Montemayor.