La jiribilla de papel – Cuba – Karla Suárez

por pessoaficionado

Acababa de empezar la universidad cuando escuché hablar por primera vez de KarlaSuárez. Era en una de esas «descargas» enque la tarde se ha unido con el alba por lasincansables conversaciones sobre la vida, lamúsica o la literatura. Fue entonces cuando alguien men-cionó a Espuma como uno de los mejores libros de cuentosescritos en los últimos años en Cuba y con ingeniosa previ-sión se negó a prestármelo. Poco después, una amiga mehizo llegar un ejemplar de carátula remendada y hojas desgas-tadas por el uso: «Este libro pasó de mano en mano portodo mi albergue del Pre, así que cuídalo», me dijo; perocon esa generosidad que otorga el afecto, me cedió parasiempre la posesión del texto.

Leí de forma voraz aquellas historias, unas realistas, otras fan-tásticas y parabólicas. Historias que dejaban ver una poderosaimaginación y sensibilidad para captar los conflictos humanos deforma desenfadada, mujeres muchas veces sumergidas en unarealidad existencialista y cuyas reacciones a los conflictos dejan deresponder a un arquetipo de feminidad determinado. Lo mismome ocurrió cuando por fin se publicó en Cuba su novela Silencios (Letras Cubanas, 2008). Me encontré atrapada por la candidezde la protagonista, por la aparente desidia con que se enfrenta almundo y el modo en que la historia de estas décadas deRevolución queda esbozada en la constante sucesión de mutis-mos, ausencias y aislamientos que rodea a los personajes de lanovela. Su mensaje pone al descubierto el sentir de toda una ge-neración tal vez escéptica, pero profundamente humana.Poco a poco he ido conociendo a la autora a través de lasreseñas y ensayos sobre sus libros, o por sus entrevistas en diver-sas publicaciones culturales. He sabido que aunque Espuma (LetrasCubanas, 1999) fue su primer libro, ya otros cuentos habían apare-cido en revistas y antologías, que forma parte de esa generación denarradores cubanos que en los 90 comenzó a contar la vida de otramanera (¿posmoderna, novísima, ecléctica?), que fue cantantey se graduó de Ingeniería porque guardaba el sueño deser una gran científica y que sus pasos ya no andan porel trópico habanero, sino que han transitado por Italia,París y Lisboa, ciudad donde actualmente reside.

Karla Suárez (1969) es una de las escritoras contemporáneas que ha abrazado el éxito en el extranjero. Desde queen el año 1999 recibiera el Premio Lengua de Trapo en Espa-ña por su primera novela, se ha dado a conocer en Europadonde ha publicado entre otros volúmenes, locual ha impulsado parte de su carrera en el viejo continen-te donde sus textos han sido traducidos al francés, portu-gués, italiano, alemán y esloveno. Ahora mismo, la EditorialUnión trajo a la Feria del Libro la edición cubana de Carroza…,con lo cual Karla regresa nuevamente a complacer a sus lectores naturales.Escribir fuera de Cuba no le ha hecho seguir las leyesde un mercado que encasilla a los narradores de la Isla enuna moda temática y estilística. La literatura le ofrece laposibilidad de estar en la piel de los otros, de inventarseuniversos distintos y de reflexionar sobre el que la circun-da, privilegio al cual no pretende renunciar. Según ha reve-lado: «lo interesante de la literatura, para mí, es poderdescribir y convertir en real algo que no está en mi expe-riencia vital».Aunque no se plantea como objetivo el contar desdela mujer, sus personajes femeninos ofrecen una intere-sante perspectiva que desmitifica ciertos criterios sesga-dos sobre la feminidad. Por esta razón, figura en casitodas las antologías y estudios referidos a la narrativa demujeres en el país, en especial la de aquellas escritorasque aparecían por el crispado fin de siglo cubano.

Encuentro con Karla Suárez

Llegué a ella recomendada por un amigo común, peroestoy segura de que tal aval fue totalmente innecesario. Lo diá-fano de su trato, como si nos conociéramos de toda la vida,me reveló enseguida a una persona que le gusta hacer ami-gos. Aunque las preguntas y respuestas viajaron por correoelectrónico (Habana-París-París-Habana), la entrevista resultóun diálogo cálido. Y como no nos hemos visto nunca, enton-ces me cedo el placer de imaginarla risueña, de pelo y graciarebelde como descubren sus fotos, ingeniosa, pícara e ima-ginativa; una mujer amantísima, de las que prefieren noencerrarse en clasificaciones.

Al comentarle a un amigo sobre esta entrevista, él recordabahaberte conocido como la cantante que acompañaba a CarlosVarela y otros trovadores jóvenes en la década de los 80. Me gus-taría comenzar hablando de aquella etapa en que te inclinaste por la música, sobre lo que sentía tu generación, ¿tal vez algunaespecie de rebeldía descreída? ¿Cuánto favoreció o influyó esaépoca en tu posterior desempeño como escritora?

¡Cuántas preguntas juntas! Trataré de organizarme. Esaetapa de mi vida fue muy importante. Empecé a cantarcuando estaba en la universidad, aunque antes había estudia-do música en el conservatorio Caturla (durante la secundaria),o sea, que también la música me venía de formación.A finales de la década de los 80, La Habana era muy distintade como es ahora, o al menos esa es la impresión que tengo.Era una ciudad con una vida cultural bastante fuerte, todavíano había período especial y éramos jovencitos que empezába-mos a cuestionarnos un montón de cosas sobre el país y lasociedad. En los ambientes que frecuentaba, se leía mucho, ylos libros que no se publicaban en Cuba se pasaban de manoen mano. La gente escribía, cantaba, pintaba, todo el mundohacía o quería hacer algo. Escuchábamos música de la NuevaTrova y

rock , mucho rock argentino. Discutíamos y bebíamos,hasta que llegaron los 90 y el país empezó a cambiar de la nochea la mañana y era como si te pasara una aplanadora por la ca-beza. No sé si para toda la generación, no me gusta hablar enplural, pero fue como si todos esos sueños que proyectaba parami futuro ya no pudieran realizarse. Acababa de terminar unacarrera (soy ingeniera electrónica), y mi sueldo no servía paracasi nada. Además, el país iba cambiando muy de prisa y unose preguntaba ¿por qué?, ¿qué está pasando? Era preocupan-te, porque nuestros «sublimes» sueños culturales se volvíannada ante la necesidad de buscar cómo ganarse la vida. ¿Ico-noclastas?, ¿carentes de fe? Quizá, pero es que justo cuandoestábamos creando nuestros sueños, tuvimos que cambiarlos.De cualquier modo, fue una etapa muy enriquecedora y mealegro de haber vivido aquellos años, donde hice todo lo quepude y hasta más. Como persona tengo montones de viven-cias y la escritora puede sacar partido de esto.

Has dicho que de alguna manera tu madre es la culpablede tus aficiones literarias. ¿Por qué? ¿Cuáles fueron las razo-nes y el camino que te llevaron a decidirte por la escrituracomo profesión?

Cuando era niña, mi mamá era profesora de Literatura, micasa estaba llena de libros y ella siempre tenía una historia amano. Además, le gustaba hacer como unos talleres literariosen casa, con mi hermana y conmigo, la pasábamos muy bien,por eso digo que es la culpable: me contagió la enfermedadde la literatura. Empecé a escribir de niña, tenía un montón defaltas de ortografía; pero una necesidad enorme de inventarhistorias, aunque entonces no soñaba con ser escritora, escri-bía porque sí, porque me gustaba, me hacía falta. Mi sueñoera ser científica. Fue en la época de la universidad cuandoconocí a otros jóvenes que escribían, comenzamos a leernosmutuamente y quizá me pasó por la mente que algún día podríaser escritora, aunque estudiaba Ingeniería.

Llama la atención que una escritora se incline por el mundode las matemáticas o las ciencias, sobre todo porque estasreferencias no son habituales en tu literatura. ¿Por qué quisiste ser ingeniera? ¿Aún ejerces esa profesión?

Empecé a escribir de niña, pero soñaba con ser científica,adoraba las matemáticas y las ciencias en general, por eso es-tudié Ingeniería. Luego, en plenos estudios, empecé a asistiren serio al taller literario y más que en electrones pensaba engrandes novelas. No preguntes por qué, mi cabeza está dividi-da en dos y no creas que la entiendo mucho. Nunca he dejadodel todo mi profesión, he sido profesora de Informática, téc-nico, webmaster, en fin, un poco de todo, porque no quieroprescindir de esta parte de mí. Me encanta abrir los objetospara ver si puedo repararlos, una tienda de herramientas esmi perdición (seguro que eso me viene de mi padre que todolo arregla). El problema es que no puedo dedicarme a unasola actividad, siempre he sido así y creo que ya es tarde paracambiar. En cuanto a la literatura, siempre hay un ingeniero enmis novelas, aunque no se la pase hablando de su profesión,porque muchas veces no viene al caso. Mi última novela, sinembargo, sí que tiene mucho que ver con el mundo de la ciencia,dos de los protagonistas son matemáticos y su mundo dereferencias son los números.

En una entrevista, decías que Silencios es una especie deretrato de un tiempo que quizá no fue tan optimista. Allí, la protagonista escribía sobre la literatura en los 90: «Se meantojaba que los escritores hacían periodismo (…) Resultabaaburrido». Esta tendencia de una literatura casi costumbrista proliferó en cierta parte de los escritores de esa etapa y tuvouna buena recepción en el mercado internacional. ¿Por qué tumirada se fue hacia otros espacios?

Estoy en parte de acuerdo con la protagonista. En aqueltiempo, casi más que literatura a veces parecía periodismo,pero es que faltaba el periodismo, faltaban las noticias, la so-ciedad estaba cambiando muy rápido, la gente estaba llenade preguntas y los escritores se hacían las mismas preguntasen sus textos. Estoy segura de que si alguien toma los cuentosescritos en aquella época y los periódicos publicados, va a sabermucho más sobre la realidad por los cuentos que por losperiódicos.¿Por qué mi mirada se fue hacia otros espacios? Pues seráque esos espacios también me interesaban, porque estaba sa-turada de la «realidad cotidiana», porque mis intereses comoescritora desde mucho antes no eran contar mi día a día, sinoinventar otras historias, otros mundos.

¿Cuáles fueron las marcas de ese tiempo poco optimistaque más incidieron en tu vida y en tu manera de pensar?

Todo lo que vivimos nos marca, aprendo de cada cosa ya cada momento. Por malo que algo parezca, siempre le en-cuentro su «ladito» positivo, soy un ser enfermo de optimis-mo. De ese tiempo me quedaron grandísimas amistades,gente que quiero mucho y que andan por todas partes y cuandonos vemos empezamos con los «te acuerdas», pero casisiempre vienen los mejores recuerdos, lo cerca que estábamos,lo amigos que seguimos siendo.

Si bien tus cuentos van más a los conflictos individuales delos seres humanos, en algunos como «Aniversario» o «Espuma»,tratas problemáticas relacionadas con la crisis, siempredesde un prisma femenino. ¿Consideras que este momentotuvo particulares incidencias en las mujeres?

La mujer estuvo más afectada porque tenía muchas másresponsabilidades, no hay que olvidar que nuestra queridaIsla es muy machista. Entonces, la mujer iba al trabajo y luegole tocaba ocuparse de los hijos, buscar la comida, que en losprimeros años del período especial no era lo que sobraba.Cocinar, ocuparse de las cosas de la casa y hacerlas antes quese fuera la luz, a la mujer le tocaba inventar constantemente.Muchas mujeres, además, se quedaron en Cuba con los hijosmientras sus hombres se fueron del país, algunos con la ideade trabajar y mandar dinero, seguro, pero la mujer se quedabacon la responsabilidad de los hijos. Yo era bastante jovencitaen ese tiempo y no tenía grandes responsabilidades, pero co-nozco a muchas que estuvieron muy afectadas con la crisis.

Varias veces has declarado que no piensas que tu condiciónde mujer sea determinante en la escritura, sin embargo, tuscuentos y novelas son constantemente referenciados comoejemplos de escritura femenina y se les incluye en antologíasde este corte. ¿A qué se debe la paradoja? ¿De qué manera lofemenino en tu literatura se instaura conscientemente?

Me incluyen en antologías femeninas porque soy mujer yen cuanto a las referencias, pues no soy responsable de lasopiniones ajenas. Siempre me ha molestado la diferencia-ción de «literatura femenina» porque nunca he escuchadoque exista la literatura masculina… Soy mujer porque melo dice el espejo (y otras evidencias) y seguro que estehecho de la naturaleza determina muchas cosas en mi vida, ero no estoy pensando particularmente en mi condiciónfemenina a la hora de escribir. Hasta ahora las protagonis-tas de mis novelas han sido mujeres, sí, porque soy mujer(así también puedo hablar de los hombres que me gustantanto), aunque a veces me han dicho, por ejemplo, que laprotagonista de Silencios es muy «masculina», ¿quién losentiende?

¿Crees en la necesidad de reivindicación de las mujeres?¿Cómo pudiera influir en ello la literatura?

Todo sector marginado tiene que reivindicar sus dere-chos. La mujer, a lo largo de los tiempos y en muchas so-ciedades, ha sido marginada y muchos de los derechosque tiene ahora en sociedades como las europeas, porejemplo, han sido ganados con largas batallas. Todavíahay países en los que la mujer tiene que pelear por el de-recho al aborto, entre otras cosas. En este sentido, la lite-ratura puede influir del mismo modo que lo hace en otrosaspectos: mucho o nada. No creo que la literatura puedacambiar la realidad, pero sí puede llamar la atención sobre ciertos aspectos, claro, en el caso de que el libro llegue amuchas manos.

¿Qué es lo que más te gusta de ser mujer?

Visto que no tengo intenciones de cambiar de sexo, me gusta todo.

En «Un poema para Alicia» y en «Elena & Elena», existeuna referencia a la violencia física y sexual contra las mu- jeres, y a cómo pueden hacerse partícipes de su propio perjuicio. En un interés de problematizar una mirada parcial que fija solo víctimas y victimarios —como creo quees la intención de estos cuentos—, me gustaría saber cómo surgieron dichas historias y cuánto te preocupa la violenciacomo tema en tu literatura.

«Un poema para Alicia» surgió mirando una foto dondehabía una muchacha encadenada, pero no se le veía elrostro. Esa foto me impresionó mucho, era desoladora,me dio pena y hasta un poco de miedo. De ahí salió lahistoria donde hay una Alicia débil y a la vez empecinada,es un personaje raro, me fascinan estos personajes. «Elena& Elena» surgió en parte de alguna historia que habíaescuchado y luego de otras historias de robos de bicicle-tas tan comunes en la época. Siempre me ha llamado laatención la relación que se establece entre víctima y victi-mario, esa dependencia psíquica, enfermiza, que sucedecon frecuencia, como en el caso de estas dos mujeres quesufren, sin embargo no pueden separarse de quienes lesprovocan el sufrimiento. No me gusta la violencia y mepongo furiosa si veo violencia con los más débiles, no losoporto, en ese caso puedo volverme violenta. Por eso,me cuesta entender cómo alguien pueda padecer callado,por qué. Escribir a veces sirve para tratar de meterse en lapiel de la gente e intentar entender de algún modo quémecanismos se activan en estas cabezas, cuál es la lógicaque funciona. Fui Alicia y fui las dos Elena el tiempo queduró la escritura, no creas que llegué a entender demasia-do, pero de seguro no quisiera ser ellas. Ojalá estas histo-rias le sirvan a alguien.

Tus personajes femeninos rompen ciertos cánones tradiciona-les al encontrarse en otras opciones y espacios, al asumirse sen- suales y dueñas de su propio placer. ¿Eres también una de esasmujeres que rompen con lo tradicional?

¿Romper con lo tradicional? No, nunca. En mi casa somosmuy tradicionales. Mi marido se ocupa de la cocina diaria (soy ge-néticamente negada a la cocina), mientras me ocupo de cambiarbombillos, reparar tuberías, arreglar efectos electrodomésticos y otros hobby que me divierten. En mi cartera, hay siempre uncreyón de labios y un destornillador (nunca se sabe). Estudié unacarrera muy femenina (éramos cuatro o cinco mujeres entre 20).Y así con casi todo. Si mis personajes no son tradicionales no es por pura originalidad de ellas. Pero mejor es no decírselo paraque no se molesten (¡a ver si se van a volver tradicionales!).

En los cuentos de Espuma y en Silencios , los personajes son un tanto escépticos e irreverentes y están imbuidos en unaatmósfera existencialista. ¿Crees que esta sea una tendenciacompartida por tu generación: el no creer, el no confiar? ¿Por qué preferir estos sujetos simples, con simples historias, perorepletos de grandes conflictos?

«El no creer o no confiar» puede ser una tendencia de partede mi generación. Para los cuentos, si el conflicto es muy grandeme parecen interesantes justamente los sujetos simples, porqueentonces el conflicto es el centro. Un cuento, como decíaCortázar, es como una fotografía, está centrado en algo concreto y el hecho de elegir a un personaje, digamos «más limpio»,hace que el conflicto se pueda desarrollar mucho mejor.

Una vez contaste que lo que te interesa de la realidad es la persona y su complejidad. En este sentido, ¿cómo pueden ser también esos conflictos individuales expre- sión de una realidad social determinada: «parábola deun resquemor hacia lo trascendente»?

La protagonista de mi última novela es licenciada en Ma-temática y está estudiando algo sobre la geometría fractal.Voy a responderte como si fuera ella. Una de las caracterís-ticas que más me gustan de los fractales es que tienen au-tosimilitud, o sea, si tomas un fragmento de la figura tedas cuenta de que es una réplica a menor escala dela figura principal, el todo está incluido en cadaparte. La sociedad puede verse también como unfractal: si tomas un individuo y su conflicto, este puede expresar en menor escala el conflicto social y, paramí, que no soy especialista en nada, será mucho más fácilanalizar a un individuo que a toda una sociedad.