EL LIBRO DE LA ALMOHADA – SEI SHONAGON

por pessoaficionado

El libro de la almohada

La civilización japonesa de la que nos alejan tantas cosas, está llena de hechos asombrosos .Por ejemplo, algunos de los textos literarios relevantes que componen su patrimonio clásico, están escritos por mujeres. Una de ellas es la Dama Murasaki, autora de la novela La vida de Genji, que Borges comparó por importancia con el mismísimo Quijote; otra es Sei Shônagon coetánea, aunque algo mayor, de la primera. Ambas fueron cortesanas, de distinto nivel, durante la era Heian, en torno al año 1000.

Sei Shônagon escribió El libro de la Almohada, un texto fragmentario compuesto por breves reflexiones sobre aspectos de su vida, a veces puros aforismos, que la autora redactaba en pocas líneas cada día, al final de la jornada, justo antes de dormir. Este tipo de diarios, se guardaban en los cajones que tenían las almohadas de la época, hechas de madera. Los apuntes del Libro de la Almohada están escritos con una grafía que utilizaban solo las mujeres para describir lo común y cotidiano, y que acabó conociéndose como onna, que quiere decir mano femenina.

Sei Shônagon tenía una enorme sensibilidad descriptiva y una fina inteligencia;  sus pensamientos, aparentemente sueltos y deshilvanados, componen un cuadro preciso y coherente que refleja los infinitos matices de una época y de un mundo que, en su libro, parece protegido por el equilibrio de un ritmo sereno, cotidiano y a la vez inmutable y por eso, en cierto modo, aún cercano.
Su mirada, atenta y observadora, se fija en detalles marginales, insignificantes y los usa para revelar con sutileza otra realidad oculta tras la de la apariencia. Son esos detalles tan agudos y sutiles los que dan el tono sereno a su prosa y a su mundo, incluso cuando expresan sentimientos de incomprensión o rechazo.

En su diario es también muy poderosa la presencia de la naturaleza, con la que la autora mantiene una relación de atenta vigilancia y compenetración, hecho por otra parte consustancial a la religión y cultura a las que pertenece. Su texto está plagado de anotaciones sobre la floración, el tiempo, la belleza o rareza del entorno natural. También sobre las mutaciones inesperadas y repentinas de esa naturaleza que la escritora observa e interioriza, de las que aprende, y que pone en relación con sus estados anímicos y con su propio yo.

Sin duda ha sido intensa y profunda la impresión causada por el reciente terremoto en Japón, y más aún por el posterior tsunami. Y parece difícil interiorizar y dar sentido a la visión de ese mar negro y hostil, denso y lento en las imágenes, penetrando en la tierra como la mano de un ladrón que, sigilosamente, aparece y se retira tras haber agarrado con fuerza su botín.
La milenaria observación de la naturaleza como generadora de conocimiento, y la aceptación de todas sus formas, incluidas las menos delicadas, como parte de un orden que incluye también al yo, es algo de lo que nos habla El libro de la Almohada.

Algunas de sus reflexiones, nos ayudan hoy a entender un poco más la compostura del pueblo japonés frente a su reciente catástrofe, que tanto nos impresiona. No sabemos lo que anotaría Sei Shônagon en su diario para describir la desolación de un paisaje trastocado e irreconocible, como el actual en la región de Tohoku. Sin embargo, podemos suponer que se fijaría en los detalles dejados por la devastación y, seguramente, lograría revelar una realidad oculta, haciendo encajar el horror en el equilibrio cotidiano de su mundo. Como aún hacen hoy sus sucesoras, tan distintas y tan semejantes a ella, tan distintas de nosotras.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/2011/04/23/el-libro-de-la-almohada.html